Por: Diana Cortes
Desde muy temprano se abren las puertas del Café Tradicional “Don Poncho”, uno de los establecimientos más populares y con tradición en la capital tamaulipeca.
A las 6 de la mañana empiezan a llegar los primeros comensales del día, quienes piden el típico café de caracolillo, el pan de dulce y tamales, aunque también hay quienes solicitan un almuerzo completo.
“Nosotros estamos aquí para atender a nuestros clientes. Les damos de comer lo que pidan y sino pues les sugerimos que es lo más sabroso que tenemos por acá”, dijo en entrevista Pedro Escobedo, actual administrador.
El Café Tradicional Don Poncho abrió por primera vez en 1950, siendo su fundador Don Indelfonso Balboa Torres, mejor conocido como Don Poncho, quien falleció hace 7 años y fue el principal motor de este negocio.
“Mi tío estuvo viviendo algunos años en Estados Unidos y cuando regresó puso el negocio. Inició vendiendo café, tamales, pan y dulces típicos de la región. En poco tiempo logró la aceptación de la gente y se quedó en este lugar hasta que murió”, comentó Escobedo, sobrino de “Don Poncho”.
“A mi tío lo que le importaba era ver a la gente contenta y comiendo lo que más le gustaba, por eso a todo el que venía lo atendía muy bien y a los más necesitados hasta les regalaba el café y el pan”, agregó.
“Esa fue una buena forma para ganarse a la gente, porque aquí viene gente de todo tipo, porque saben que se les trata amablemente y con cordialidad”.
Durante un día el café recibe alrededor de 60 personas diarias, incluyendo sábados y domingos, destacando el 25 de diciembre y 1 de enero de cada año, días que también abre sus puertas para beneplácito de quienes desean un café por la mañana o antes de llegar a casa, por la noche.
Al estar ubicado en el corazón de la capital tamaulipeca, en el 5 y 6 Morelos, El Café “Don Poncho”, se ha convertido en el lugar por excelencia para quien desea degustar una bebida caliente antes de irse a trabajar o después de realizar alguna compra en el Mercado Argüelles.
Con una decoración sencilla, pero muy cálida, hace sentir a los comensales como si estuvieran en la casa de algún familiar o amigo. Incluso mientras comen, los victorenses pueden disfrutar de música de antaño, la cual era la favorita de Don Poncho y sus amigos.
“A la fecha tenemos muchos clientes a quienes les gusta ese tipo de música y a veces solo vienen para escuchar o ver videos de hace algunos años. Nuestra clientela esta formada por hombres de 40 años para arriba, aunque también vienen mujeres acompañando a sus esposos”, explicó Escobar.
“Las mujeres sí vienen, solo que en la mayoría de los casos piden los tamales o pan para llevar. A menos de que vengan con su esposo, entonces si se quedan a desayunar”.
“También tenemos a los solitarios, esos que les gusta venir sin compañía, ya sea porque no les gusta o porque son viudos o divorciados. Aquí hay lugar para todos y todos son bienvenidos”, agregó.
Escobar narró que mientras la gente desayuna y degusta su café, la charla no se hace esperar y empiezan los debates entre los asistentes. Los temas son muy diversos desde la crisis económica, que si ciudad Victoria era mejor antes, hasta el tema de política sale a relucir entre los clientes.
“Es muy interesante escuchar las pláticas. Yo aprendo de ellos. Algunos son señores ya grandes y se ponen a platicar de sus buenas épocas. Yo me quedo escuchando lo que dicen porque son cosas que no cualquiera sabe”, comentó por su parte Rosario, empleada del lugar.
“Aquí vienen muchos solo de paso, gente de otros municipios o ejidos que pasan a comprar al mercado y después desayunan antes de regresar a sus casas. Pero lo más importante es que siempre que llegan a Victoria, regresan con nosotros”, añadió.
Uno de los factores que han influido para la consolidación de este negocio, es el buen trato que se les da a los clientes, quienes son vistos como amigos y de esa forma son recibidos.
“El propósito es que se sientan en casa, por eso platicamos de lo que quieran y sino pues nos quedamos en silencio, no hay problema. Lo único que queremos es que estén a gusto con nosotros. Siempre damos un extra porque queremos que regrese el cliente”.
“Debemos tratar a la gente como deseamos que nos traten. La amabilidad y la sonrisa, son necesarias en este trabajo, aunque te sientas cansado”.
Escobedo comentó que no le importa las largas jornadas y el no dormir bien, porque lo que más le satisface, es ver a los clientes salen sonrientes después de tomarse un café, porque eso significa que hacen un buen trabajo y es lo más importante”.
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